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Hay muchos estudios, literatura, escuelas filosóficas y psicológicas y eruditos que históricamente han hablado sobre el Ego. Hoy en día en nuestra cultura se sigue hablando mucho del Ego, según ella se tiene que tener un Ego no muy alto, no muy bajo. Si lo tienes bajo “tienes el Ego por los suelos”, y no tienes autoestima ni confianza y si lo tienes muy alto eres un “Egocéntrico”, y te crees que el mundo gira alrededor de ti.

El cultivo del Ego está muy de moda en los países de occidente, donde se promueven estilos de vida individualistas y autosuficientes, y se premia la riqueza de conocimiento y dotes sociales de la persona particular.

En este artículo voy a ofrecer una manera muy sencilla e innovadora de definir y medir el impacto que el Ego puede tener en nuestra felicidad. Me gusta describir el Ego como: Nuestra visión de la vida, nuestra opinión de los eventos que observamos, nuestra opinión de nosotros mismos. Esta opinión se extiende muy dentro de nuestro ser y define lo que sentimos y cómo reaccionamos a las circunstancias de la vida.

Llegados a este punto me gustaría proponer un reto: el Ego es lo que nos separa de la felicidad absoluta y la claridad de decisión.

Aunque el Ego se podría cualificar entre “buen Ego” y “mal Ego” dependiendo de cómo nos sintamos con él, el Ego es en sí mismo restricción. Limita nuestras posibilidades a nuestra experiencia. El Ego es creado por el intelecto, y el intelecto actúa como una base de datos: almacena, entiende, predice y recupera información. Pronto los ordenadores industriales alcanzarán la capacidad de procesamiento del cerebro. ¿Significa esto que serán iguales que nosotros?

Nos estamos perdiendo algo.

La mayoría de las personas diría que todo lo que ellos son y conocen son Ego (su visión de la vida y de ellos mismos), pero en realidad son mucho más. El Ego es meramente nuestra interface, la manera subjetiva que tenemos de entender el mundo como humanos, pero no es la mejor.

Nos estamos perdiendo quien realmente somos. En cuanto dejamos el Ego y con él nuestro pensamiento consciente a un lado, podremos experimentar el poder de la fuerza creadora y podremos dejarnos guiar por este conocimiento infinito.

Me gusta ver al ser humano como una vasija. Un recipiente que se llena de emociones. Normalmente llenamos este recipiente con emociones y sensaciones que provienen de nuestro pensamiento, de nuestro entendimiento de la realidad, pero ¿Qué pasa cuando no estamos pensando? Cuando no pensamos sentimos algo que no es pensamiento. Sentimos la misma fuerza que te cura las heridas.

Esta fuerza es difícil de ver. Muy difícil, teniendo en cuenta que la mayoría de nuestra vida hemos vivido en Ego y muchas veces es todo lo que conocemos, pero cuando salimos de ahí, cuando nuestra mente se calla, puede que veamos algo desde dentro. Puede que sintamos esta felicidad y este amor que es la energía creadora que somos, y cuando sintamos esto no habrá marcha atrás.

¿No recordáis lo felices que erais en la única etapa de vuestra vida cuando no teníais Ego, cuando estabais conectados con esta fuerza infinita la mayoría del tiempo? Mirar en vuestra temprana infancia. ¿Quién era más feliz a los 4 años que ahora?

¿Donde esta esa alegría, ese atrevimiento, esa ilusión y esas ganas de jugar que caracteriza a los niños? Por mucha importancia que se le de al Ego y a las opiniones personales, si el Ego me quita felicidad y vitalidad yo no lo quiero.

Aquí empieza el camino. ¿Lo andamos juntos?